Comer Comida es el centro del
misterio en esta frase compuesta.
Mi
propuesta es un ir y venir, un dar y quitar, busca el movimiento de la onda,
encontrar un tono de amplia intensidad en una variedad de pasos cortos.
Busco la
huella de la serpiente, la irregularidad del cuerpo.
Se
unifica en algunos temas y en la correspondencia de algunos registros.
En la
búsqueda de un ritmo personal, es que la métrica se asume libre, con corte de
versos falso, abuso de encabalgamientos, para llegar a una verticalidad
impuesta que unifica toda esta propuesta.
Heredera
de las vanguardias, esta muestra de poemario utiliza el recurso del montaje;
mezclar distintos elementos, algunos provenientes de la cultura popular, la publicidad,
los discursos políticos, etc. Experimentando con la forma y el fondo; jugando
con los significantes y la diagramación, eligiendo temas políticamente
incorrectos.
Corren algunas
voces, registros, la heterogénea es ley.
Comer Comida es la frase con que mi
padre recuerda mi niñez. Se supone
que siendo
un niño regordete gritaba ¡quiero Comer Comida!
—(…)“eres un poeta muy leído…”
—(…)“a mis textos les ha ido
bien y eso me gusta, sin duda que me gusta, porque es como conversar y que te
respondan.”
Claudio Bertoni, en Conversaciones con la poesía chilena. Juan
Andrés Piña, Segunda edición Ediciones UDP, año 2007.
El
lenguaje es simple, directo y popular. Espera no ser una mayor complicación al
lector no acostumbrado a la poesía, así en plan de masividad, pese a la
disposición experimental de algunos poemas.
El
sentido es normalmente concreto, a veces se eleva y se vuelve algo metafísico,
en el sentido de describir lo intangible o querer demostrar otra realidad más
allá de la aparente.
Así es
como mi referente lejano es Giorgio de Chirico, pintor que en su arte muestra objetos
comunes en escenarios clásicos con perspectivas y naturalezas ilógicas que
proyectan sensaciones de ensoñación y misterio; algo oculta, algo más quiere
decir, abre una pregunta.
Intento
ser simple para que todos puedan entenderme, pero el lector tampoco debe ser
ingenuo o puede caer en la trampa y entender lo básico, lo aparente, abajo
puede haber otro mensaje.
Comer Comida es masticar un chicle
hasta perderle el gusto.
Siempre
con un toque de humor, un humor fino, absurdo, de sentido rebuscado, patético,
que se ríe de sí, o la misma puesta en escena del gesto (el texto). Algún
lector podrá no justificar, entender, o encontrar gracia a esto, pero aburridos
ellos que no se divierten leyendo.
Es
también una poesía que se ridiculiza a sí misma, no sólo por afán bufonesco, si
no como crítica a toda solemnidad, lo que no quita que a veces también quiera
decir algo serio.
En este
aspecto mi referente es Woody Allen, un intelectual anti-intelectualizante, un
artista narciso que se ríe de los discursos, y de sus propias debilidades.
Comer Comida es la reacción grotesca
de una ternura violentada.
En este
mismo sentido “metafísico” y heredero de las vanguardias, es que este conjunto
es una “obra abierta” en el sentido de no acabada, porque requiere de un lector
“activo” que asuma la propuesta de completarla.
Tiro
flechas en distintas direcciones, sin preocuparme o sospechar donde llegarán.
La intención es que el lector las agarre desde donde se encuentre, él es quien determina
el sentido del poema.
Ahora,
dicho todo, comienza la contradicción.
Comer Comida es un nombre
provisorio, puede cambiar en cualquier
Comer Comida es el inseguro
balbuceo, el error de cálculo, el dato
Comer Comida es lo
sobre-explicativo, lo redundante, lo que está de más,
Comer Comida es la redundancia entre
el verbo y el sustantivo.
Médico, aviador, poeta y narrador, y probablemente también marinero, pues Juan Marín tiene todos los oficios y en todos destaca con brillo propio. Diplomático también, escribió varios libros de viajes de países exóticos, que ahora parecen menos exóticos por la televisión.
Como poeta se inicia, aunque tan solo publicó dos poemarios, ambos dignos de ser recordados. Es notoria su estética "futurista" cantándole a las máquinas, exaltando la belleza de los deportes, el movimiento, la velocidad, la técnica. Looping de 1929 y Aquarium de 1934, entremedio novelas de navegación y artículos cientificos con las cuales se ganó varios premios y reconocimientos.
Adjunto poema de su segundo poemario.
Oh poema de acero que abrazas el mundo nuevo
grito de los bronquios de la usina
tus rimas son los ejes biselados
fulgurantes de voluntad dinámica
como bíceps de gigantes caídos
desde un planeta Marte humanizado
leit-motiv de las hondas hertzianas
canto de los dinamos delirantes
las chispas son los besos pasionales
el moscardón azul de aquellas hélices
picotea los muros blancos
dulce canción de los dientes
hieden los blancos metales
himno de la mecánica de ojos grises
fragancia de humos y carburantes
puertos angulares y ciudades geométricas
plástica libre de una nueva estética
linea armónica de los puentes de acero
fermentación metálica de las materias primas
virutas enrolladas válvulas
duermen los hombres en tu seno
por tus ritornelos de duraluminio
trituradora de romanticismo
madre de los sueños nuevos
tu aliento de benzol y gasolina
de los nuevos corazones del mundo
convulsiones de jazz-band de hierro
despertaron las calles de América
y ventilan la Europa decadente
nuevo sentido del Universo
esperas un instrumento y una lengua
que exprese tu alma henchida
super-producto de una época
que recoja en su verso magnífico
gluglú de submarinos y zumbido de aviones
sutil vibración de dinamómetros
caricias radiotelegráficas
nadie ha escrito el más divino verso
aquel que gira en la correa de un dinamo
el que teclea en un motor
el que como un monstruo eléctrico
corre su escalofrío lírico
por los alambres impertérritos
mecánica canción y sistema
filosofía oculta de una incógnita alquimia
vuelque tu corazón en tus retortas
y de las ruedas infinitamente veloces
suelta en el viento tu melena eléctrica
por los invisibles planos cósmicos.
Leonora Carrington. Pintora y escritora surrealista. En el inicio de su vida emparejada con Max Ernst. Radicada en México hasta su muerte. Amiga de los poetas Mandrágoricos, mantuvieron fluida correspondencia.
Adjunto hermoso cuento que representa su estilo.
La Debutante
En la época que fui debutante, solía ir a menudo al parque zoológico. Iba tan a menudo que conocía más a los animales que a las chicas de mi edad. Era porque quería huir del mundo, por lo que me hallaba a diario en el zoológico. El animal que mejor llegué a conocer fue una hiena joven. Ella me conocía a mí también. Era muy inteligente. Le enseñé a hablar francés y a cambio ella me enseñó su lenguaje. Así pasamos muchas horas agradables.
Mi madre había organizado un baile en mi honor para el primero de mayo. ¡Lo qué sufrí durante noches enteras! Siempre he aborrecido los bailes; sobre todo los que se daban en mi honor.
La mañana del uno de mayo de 1934, fui muy temprano a visitar a la hiena.
-¡Qué asco! -le dije-. Esta noche me toca asistir a mi baile.
-Tienes suerte -dijo ella-; a mí me encantaría ir. No sé bailar, pero en cambio sabría mantener una conversación.
-Habrá muchas cosas de comer -dije-. He visto llegar a casa carros repletos de comida.
-Y aún te quejas -replicó la hiena con desaliento-. Mírame a mí: yo sólo como una vez al día, y me tienen jeringada con tanta bazofia.
Se me ocurrió una idea audaz; estuve a punto de echarme a reír.
-No tienes más que ir en mi lugar.
-No nos parecemos lo bastante; si no, con gusto iría -dijo la hiena un poco triste.
–Escucha -dije-, con las luces de la noche no se ve muy bien. Con que te disfraces un poco, nadie se fijará en ti en medio de la multitud. Además, tenemos casi la misma estatura. Eres mi única amiga; anda, hazlo por mí. Por favor.
Se puso a pensar en esta posibilidad. Comprendí que estaba deseosa de aceptar.
-De acuerdo -dijo de repente.
No había muchos guardianes cerca, dado lo temprano de la hora. Abrí rápidamente la jaula, y en un instante estuvimos en la calle. Llamé un taxi. En casa, todo el mundo estaba aún en la cama. Una vez en mi cuarto, saqué el vestido que debía ponerme por la noche. Era un poco largo, y la hiena andaba con dificultad con mis zapatos de tacón alto. Encontré unos guantes con que ocultarle las manos, demasiado peludas para parecerse a las mías. Cuando el sol iluminó mi habitación, la hiena dio varias vueltas alrededor, andando más o menos derecha. Estábamos tan ocupadas que mi madre, que entró a darme los buenos días, estuvo a punto de abrir la puerta antes de que la hiena se escondiera debajo de la cama.
-Esta habitación huele mal -dijo mi madre, abriendo la ventana-; antes de esta noche date un baño con mis nuevas sales.
-Por supuesto -le dije.
No se entretuvo mucho. Creo que el olor era demasiado fuerte para ella.
-No te retrases para el desayuno -dijo al irse.
Lo más difícil fue encontrar un disfraz para la cara de la hiena. Estuvimos buscando horas y horas: rechazaba todas mis sugerencias. Por fin dijo:
-Creo que he encontrado la solución. ¿Tenéis criada?
-Sí -dije, perpleja.
-Pues verás: vas a llamar a la criada; cuanto entre, nos lanzamos sobre ella y le arrancamos la cara; llevaré su cara esta noche en lugar de la mía.
-No lo veo muy práctico -dije yo-. Probablemente se morirá en cuanto pierda la cara: alguien encontrará su cadáver, y nos meterán en la cárcel.
-Tengo la suficiente hambre como para comérmela -replicó la hiena.
-¿Y los huesos?
-También -dijo-. ¿Te parece bien?
-Sólo si me prometes matarla antes de arrancarle la cara. Si no, le va a doler demasiado.
-Bueno, eso me da igual.
Llamé a Marie, la criada, no sin cierto nerviosismo. Desde luego, no lo habría hecho si no odiara tanto los bailes. Cuando entró Marie, me volví de cara a la pared para no verlo. Debo reconocer que no tardó nada. Un breve grito, y se acabó. Mientras la hiena comía, estuve mirando por la ventana. Unos minutos después, dijo.
-Ya no puedo más; aún me quedan los pies, pero si tienes una bolsa, me los comeré más tarde, a lo largo del día.
-En el armario encontrarás una bolsa bordada con flores de lis. Saca los pañuelos que tiene y quédatela.
Hizo lo que le había indicado. A continuación, dijo:
-Date la vuelta ahora y mira qué guapa estoy.
Delante del espejo, la hiena se admiraba con el rostro de Marie. Se lo había comido todo cuidadosamente hasta el borde de la cara, de forma que quedaba justo lo que le hacía falta.
-Es verdad -dije-; lo has hecho muy bien.
Hacia el atardecer, cuando la hiena estuvo completamente vestida, declaró:
-Me siento en plena forma. Me da la impresión de que voy a tener un gran éxito esta noche.
Después de oír un rato la música de abajo, le dije:
-Ve ahora, y recuerda que no debes ponerte junto a mi madre: seguramente se daría cuenta de que no soy yo. Aparte de ella, no conozco a nadie. Buena suerte -le di un beso para despedirla, aunque exhalaba un olor muy fuerte.
Se había hecho de noche. Cansada por las emociones del día, cogí un libro y me senté junto a la ventana, entregándome a al paz y el descanso. Recuerdo que estaba leyendo Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Al cabo de una hora, quizá, surgió el primer signo de inquietud. Un murciélago entró por la ventana profiriendo grititos. Los murciélagos me dan un miedo espantoso. Me escondí detrás de una silla, castañeteándome los dientes. Apenas me había arrodillado, cuando un gran ruido procedente de la puerta sofocó el batir de alas. Entró mi madre, pálida de furia.
-Acabábamos de sentarnos a la mesa -dijo-, cuando el ser ese que ha ocupado tu sitio se ha levantado gritando: “Con que mi olor es un poco fuerte, ¿eh? Pues no como pasteles.” A continuación se ha arrancado la cara y se la ha comido. Después ha dado un gran salto y ha desaparecido por la ventana.